Cuando el tiempo es más que oro

«Hoy por ti, mañana por mí». La frase viene que ni pintada. Seis palabras resumen el espíritu de una iniciativa implantada en numerosas ciudades españolas -entre ellas Málaga-y que acaba de echar a rodar en Marbella. Quien hace esta declaración de intenciones, sabe de qué habla. Hugo Cuche es uno de los primeros socios de un peculiar banco en el que no hay billetes ni monedas. Los servicios prestados, altruistas y basados en las habilidades que cada uno atesora, se pagan con horas. Las que uno ofrece y luego puede 'cobrar' con la ayuda de otros que también tienen ganas de compartir con los demás lo que saben. Este es el funcionamiento del Banco del Tiempo, una iniciativa que llamó la atención a este chileno afincado en España desde hace 20 años que no ha dudado en subirse al tren ofreciendo clases de inglés.
De momento, en sus poco menos de dos meses de andadura, este sistema de intercambio de servicios, habilidades y conocimientos, que tiene su sede en el Centro Cívico de la Divina Pastora y está impulsado por la Delegación Municipal de Bienestar Social y por Marbella Voluntaria, ha atraído a trece socios con perfiles de lo más dispares. Los hay que dan horas para asesoramiento sobre inversión bursátil o peluquería, pasando por clases de informática o idiomas o arreglo de griferías. «Cada uno ofrece lo que le apetece y va demandando lo que necesita», explica Marta Fernández, responsable del Banco del Tiempo.
El mecanismo es fácil. En una base de datos se cruzan ofertas y demandas y se informa a los socios para acordar el intercambio, que no necesariamente debe ser recíproco con la misma persona. Incluso se pueden organizar talleres. «Cuando se da un servicio por ejemplo de tres horas en el banco, en la cuenta de esa persona, habrá un crédito de tres horas a su favor para gastar cuando le interese algo», añade sobre el funcionamiento de una herramienta especialmente importante en tiempos de crisis.
Es una opinión que comparte Laura Ruiz, otra de las socias de este banco que evoca a los trueques de antaño. «Hay algunas actividades a las que no puedes acceder por los horarios o porque son caras», remarca esta joven, que está dispuesta a dar clases de informática a quien quiera zambullirse en el mundo de los ordenadores y que pretende usar el Banco del Tiempo para mejorar sus conocimientos de idiomas como el inglés o el francés. «Es importante a veces hacer cosas sin esperar nada a cambio, brindar nuestro conocimiento, porque además te hace ser mejor persona», afirma convencida del valor social de una iniciativa que hunde sus raíces en los movimientos de ayuda «de toda la vida», agrega Fernández.
Integración
Pero las bondades del Banco del Tiempo no se limitan a poder aprender a cocinar, contar con alguien que te cuide puntualmente al niño o iniciarse en el bricolaje. Fernández destaca que se trata de un sistema igualitario donde tiene el mismo valor «un ama de casa que te enseña a hacer unas lentejas que un asesoramiento de un abogado», lo que fortalece la autoestima, la integración y las relaciones personales. El único obstáculo es la desconfianza de algunas personas, que se supera a través de reuniones periódicas de los socios, mayormente de la horquilla de edad de entre los 30 y 40 años, aunque la iniciativa apenas está dando sus primeros pasos.
De la primera docena de socios se pueden extraer otras estadísticas. Por ejemplo, que la mitad de las personas están en activo, que un 12 por ciento son jubiladas y que el resto están desempleadas. Los extranjeros, de momento, también toman la delantera, y suponen más de los primeros inscritos en el Banco del Tiempo de Marbella. «Hay gente que tiene muchas cosas que ofrecer y no tienen por qué ser grandes cosas. En época de crisis cualquier cosa es importante y puede ayudar», apunta la responsable de este punto de encuentro que va cogiendo fuerza.

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