«Queda inaugurado este parque comercial». El alcalde de Palencia, Heliodoro Gallego, y el director general de Ten Brinke, Jörg Tiggemann, pronunciaban ayer, al alimón, esta clásica fórmula para dar la bienvenida al proyecto Arambol, que ha supuesto la creación de una nueva gran superficie comercial en la ciudad, en la que se dan cita productos electrónicos, de bricolaje, de moda y de alimentación. Construido en las proximidades del nuevo estadio de fútbol de La Balastera, el nuevo parque comercial ocupa una superficie de 11.000 metros cuadrados y ha supuesto la creación de trescientos puestos de trabajo directos, tras una inversión inicial de 25 millones de euros por parte del grupo de origen holandés Ten Brinke.
Y como se trata de su primer gran proyecto en España, los promotores organizaron ayer en Palencia una fiesta por todo lo alto, en la que se dieron cita decenas de comerciantes y empresarios palentinos, así como un nutrido grupo de representates de las diferentes administraciones e instituciones de la ciudad.
La fiesta, que se celebró en un carpa de grandes dimensiones instalada en el aparcamiento del parque comercial, se prolongó durante varias horas, en las que los invitados pudieron disfrutar de música en directo y de sorpresas, como un brindis inaugural ofrecido por los propios camareros al son de la música de la ópera La Traviata de Verdi. Convertidos durante unos momentos en tenores y sopranos, los uniformados camareros interpretaron el lírico pasaje del brindis, para animar después a los asistentes a que tararearan la popular melodía.
La inauguración sirvió también para que el director general de Ten Brinke explicara a los invitados el significado del símbolo corporativo del parque comercial Arambol. «Se trata de un regalo envuelto con las torretas de iluminación del campo de fútbol de La Balastera, para que los clientes siempre puedan encontrar el camino de Arambol», señaló Jörg Tiggemann.
El directivo de la empresa promotora explicó que se trata de un moderno concepto de superficie comercial, en donde los establecimientos tienen sus propios accesos desde la calle, «sin zonas comunes que hay que calentar, enfriar o iluminar». Tiggemann señaló que este diseño permite abaratar los costes tanto de explotación como de implantación, lo que al final redunda también en los clientes, puesto que al bajar los costes puede reducirse también los precios. El director de Ten Brinke resaltó que se ha intentado conseguir que el parque presente una oferta comercial variada y completa, que cuente además con servicios de hostelería.
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