En las paredes lucen todos los menús que
tendrán que realizar a lo largo de la semana.
Se va acabando el verano y serán muchos los jóvenes mirandeses que abandonen la ciudad para estudiar fuera y, con esa marcha, dejen también atrás la vivienda familiar para iniciar una vida en un piso de estudiantes. El paraguas de papá y mamá ya no estará en sus nuevos hogares, y allí serán ellos los amos y amas de casa, los responsables de la colada, de la compra, la comida… en definitiva, los responsables de llevar adelante sus hogares. La mayoría lo hará en compañía, con amigos o compañeros de estudios, que como ellos, habrán dejado atrás la ropa limpia y planchada encima de la cama, el plato puesto en la mesa o una casa perfectamente ordenada.
Pues bien, para afrontar este reto con más garantía, varios jóvenes de entre 15 y 17 años participan en la Casa de Igualdad en un interesante curso cuyo título ya lo dice todo: «Mamá, no te preocupes». Se trata así de ‘tranquilizar’ a los padres y madres de estos jóvenes ante habituales frases que todo el que ha salido de su hogar ha escuchado. ¿Qué tal comes?, ¿ya te lavas bien la ropa?, ¡cuidado con el gas!, ¿te llega para la comida?...
«Se persigue ayudarles a buscar una independencia personal empezando por algo como las tareas del hogar», explica Carlos Zubizarreta, monitor del taller. Y los jóvenes lo agradecen, ya que el taller es muy completo. Primero se ha hablado de la convivencia, «hay que consensuar las comidas, los turnos de limpieza, de hacer la compra… es importante la actitud de unos hacia otros en este nuevo hogar», explica el monitor. Por ello se han hecho cronogramas de distribución de las tareas, «algo muy importante para tener una buena convivencia», y otros referidos a cada joven, «ya no va a llegar a casa y va a tener la comida hecha; además hay que sacar tiempo para el estudio y también para el ocio», resume Zubizarreta.
En el taller se ha comprobado que hay vida al margen de la maleta llena de tuppers y de la bolsa con la ropa para lavar, y para ello se han abordado asuntos como la cocina, los hábitos de higiene y alimentación, el bricolaje… y muchos trucos que otros han aprendido por experiencia, como el de no mezclar ropa blanca y de color, que en la olla haya suficiente agua para que no se les quemen las lentejas, o cómo una buen tendido les ayudará a la hora de planchar.
También se habla de economizar, «les hemos planteado los gastos que tiene un hogar, el que en sus casas sus padres hacen para mantenerla, porque ser concientes de eso ayuda mucho a comprender que hay que hacer una buena gestión», detalla el monitor. Regular bien la calefacción, no dejar abiertas las ventanas, bombillas de bajo consumo o grifos eficientes… incluso, han comparado a través de internet los precios de los productos de la cesta de la compra.
En el curso se ve que los roles de género siguen existiendo, pero acciones como ésta ayudan a eliminarlos y, ¿por qué no?, a que estos jóvenes, en unos meses, puedan presumir como los anfitriones de sus padres.
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